de corredor a director en el Angliru

Increíble, cuando miras por la ventanilla del coche mientras subes el Angliru y ves la niebla, el público en las cunetas gritando y aplaudiendo y los corredores sin aliento, sufriendo encima de la bicicleta, con la mirada perdida. Les observo y no puedo imaginarme qué es lo que piensan en esos momentos, de dónde sacan la fuerza para seguir.

Lo sé, debería empezar por el principio, pero la jornada de hoy ha sido tan emocionante que las imágenes se me amontonan en la cabeza.

Décimo quinta etapa de la Vuelta. 142 kilómetros con salida en Avilés, un puerto de segunda categoría, el Alto de Tenebredo, uno de primera, el Alto del Cordal y el gran final, el mítico L' Angliru.

Queríamos hablar de los directores de equipo en el post de hoy y hemos tenido la suerte de vivir la carrera con Bingen Fernández, director del Team Garmin-Cervelo, equipo americano que viene de ganar la clasificación por equipos y cuatro etapas en el Tour.

Bingen es de Bermeo, Vizcaya. Fue corredor profesional seis años en el Euskaltel y ocho en el Cofidis. Se sacó el título de entrenador nacional y empezó a trabajar como director el año pasado en el Team Garmin. Es la quinta vez en la Vuelta que se sube el Angliru y curiosamente Bingen ha estado en todas ellas. En las cuatro primeras como ciclista y en esta última, en la etapa de hoy, como director de equipo al volante del coche. Sabe lo duro que es y a sus corredores lo único que les ha dicho es que “tienen las fuerzas que tienen, que cojan su ritmo y que vayan para arriba”.

Para Bingen la mañana ha comenzado en el hotel, comprobando que todo estaba organizado y repasando la etapa que ya había estudiado el día anterior (el mapa, el perfil y la predicción meteorológica). Ya en la línea de salida ha tenido la reunión con los corredores en el autobús, el meeting previo para ajustar las tácticas de carrera. Cuando termine la etapa tendrá más trabajo: ver los cambios de rueda, de desarrollos, hablar con los corredores para que le cuenten cómo ha ido la etapa y preparar el programa del día siguiente (traslados, horarios, etcétera).

El Team Garmin tiene en estos momentos siete corredores en carrera, tras el abandono de Farrar y Fischer, ambos por caída. Precisamente es con este tema con el que están teniendo muy mala suerte. Hoy, en los primeros kilómetros, Radio Vuelta informaba de la caída en el pelotón de dos corredores, entre ellos el corredor belga del Garmin,  Johan Van Summeren. Bingen ha acelerado y cuando hemos llegado al punto hemos encontrado al corredor con fuertes dolores, tenía un golpe en los testículos. Ha llegado el coche de asistencia médica y el doctor ha confirmado la dureza del impacto. Pero Van Summeren no quería oír hablar de ir a la ambulancia o abandonar la carrera. “Mon vélo, mon vélo”, él quería coger su bicicleta y salir cuanto antes en busca del pelotón. Y así ha sido. El médico le ha puesto una bolsa de hielo en los testículos y el corredor sin perder un segundo ha seguido la carrera. Es asombrosa la capacidad de sufrimiento de los ciclistas. A veces parece que no le tienen miedo a nada.

El sufrimiento de Van Summeren también estaba reflejado en la cara de Bingen. Era fácil percibir su angustia tras lo sucedido. Al final es como un padre con la responsabilidad que conlleva y la preocupación en los momentos delicados. En el coche, la caída nos ha dejado a todos en silencio después de presenciar esos malos momentos del corredor. Menos mal que según avanzaba la jornada Johan se ha ido recuperando.

En carrera, como ha ocurrido durante todos estos días, se han buscado las escapadas desde el primer kilómetro. Pero el ataque más importante llegaba a 6 kilómetros de meta. Juan José Cobo ha ganado en el Alto del Angliru y no solo eso, es el nuevo líder de la clasificación general gracias a los 20 segundos de bonificación por la victoria de etapa. En el año 1999 fue José María Jiménez, Gilberto Simoni en el 2000, Roberto Heras en el 2002 y Alberto Contador en el 2008. Hoy ha sido Juan José Cobo, el último en escribir su nombre en el palmarés del  Alto del Angliru.

Tiene que ser inolvidable levantar los brazos en la línea de meta de esta cima mítica en el mundo del ciclismo y creo que tiene que ser inolvidable simplemente correr esta etapa. Lo presiento porque he visto a Bingen emocionarse en la subida, simplemente escuchando los gritos y los aplausos de la gente, sonidos que parece que tienen eco en el Alto del Angliru.

Hoy me voy a la cama con la sensación de haber visto algo que realmente merece la pena ver aunque solo sea una vez en la vida: la etapa de la Vuelta que sube al cielo a través del infierno.

Mañana jornada de descanso.

 

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